jueves, 5 de enero de 2017

ORIGEN DE LA QUEMA DE LOS AÑOS VIEJOS

Origen de la quema de años viejos

Acerca de esta tradición existen indicios de su origen a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. El investigador Darío Guevara ha manifestado que tiene posible origen en ritos y sacrificios de los indígenas, antes de la Colonia, que se relacionaban con los ciclos agrícolas. El tradicionalista guayaquileño Hugo Delgado Cepeda lo remonta al pueblo colombiano. El historiador Rodolfo Pérez Pimentel cuenta que antaño se celebraba desde las 10 de la mañana con comparsas de 10 a 20 personas, que portaban un muñeco de trapo y pedían dinero a los transeúntes para comprar el puro de anís, conocido como Mallorca. Las viudas acompañaban, y a las 7 de la noche se quemaban los muñecos.

Todos se retiraban a dormir para estar listos a las 5 de la mañana del 1 de enero y asistir a la misa de iniciación del Año Nuevo. Hace aproximadamente 60 años, los muchachos de los barrios populares guayaquileños confeccionaban los muñecos con ropa y zapatos viejos, aserrín y una careta de cartón y barbas de algodón que compraban a 1 o 2 sucres. Un chico lo cargaba al hombro; otro se disfrazaba de viuda para pedir la famosa caridad.

A las 12 de la noche era la quemazón. Con el dinero obtenido se compraba trago para tomar hasta que el cuerpo aguantara. Las clases altas del Barrio del Centenario también participaban de la tradición, pues quemaban el monigote, cenaban y luego los mayores iban a bailar al Club de la Unión.

Desde hace muchos años, en cada barrio, al llegar el 31 de diciembre, los niños y jóvenes se organizan y fabrican uno o varios muñecos rellenos con aserrín o periódicos usados, los visten con ropas viejas y les ponen caretas graciosas.
Los muñecos simbolizan el año que se termina y por eso, al dar las doce de la noche del 31 de diciembre, los muñecos son quemados como símbolo de que las penas que nos trajo el año se acabarán y con el nuevo año vendrán nuevas alegrías y esperanzas.